Mis hijos me cambiaron la vida

Mis hijos me cambiaron la vida

Dedico estas palabras a mis hijos: Julio y Jacob, a quiénes entregue en los quirófanos al menos 25 veces en sus primeros años de vida.  A mi hijo Joaquín, quién por un milagro de Dios no necesita cuidos visuales, pero honra la vida de sus hermanos pidiendo usar anteojos y gotas como ellos. 

A todos los Niños 20/20 de Nicaragua, en especial a los que por falta de recursos perdieron su visión cuando pudieron haber conocido el mundo al igual que mis hijos.

A finales del 2009 me convertí por primera vez en madre.

Tuve un embarazo muy placentero y Julio César vino al mundo sano. Sin embargo, cuando tenía 2.5 meses, por indicaciones médicas viajamos a Costa Rica a realizar un examen especializado en sus uréteres.  Estando en el pasillo del hospital donde se practicaba el examen, un doctor -nuestro ángel- me dijo que el niño miraba extraño y que nos recomendaba llevarlo a un oftalmólogo.

Esa misma tarde una oftalmóloga revisó a Julio y encontró que estaba prácticamente ciego, que había nacido con cataratas en ambos ojos y que debía ser operado de emergencia. 

El viaje a Costa Rica por 3 días se convirtió en un viaje de un mes. 

En primer lugar debíamos permanecer allí para vigilar el proceso post operatorio de nuestro bebe. Cuando nos dieron de alta, la doctora que había operado a mi hijo me dijo que debía iniciar terapias de estimulación temprana y visual, algo que para mí era un mundo totalmente desconocido.

Llegando a Nicaragua el único lugar que podía ayudarnos en ese momento era “Los Pipitos”.  Conocí allí otro ángel, la Lic. Mayra Campos, una terapeuta en baja visión con quién trabajé semana a semana los tres primeros años de vida de mi hijo.  Con ella aprendí muchísimo sobre estimulación visual. Paralelo a las terapias, mi hijo era sometido a múltiples cirugías en sus ojos.

Todo este proceso me ayudó a conocer el mundo visual y a sensibilizarme con este tema. 

De esta manera me di cuenta que si esto para mí era difícil teniendo los medios económicos y la oportunidad de ir a los Estados Unidos al mejor hospital de ojos, ¿Cómo sería para una mujer campesina o madre soltera de escasos recursos? ¿Cómo compraría lentes y costearía las cirugías? ¿Dónde obtendría atención oftalmológica viviendo en el campo?  Entonces, sentí el llamado de hacer una fundación para ayudar a niños con dificultades visuales ya que en Nicaragua no había ninguna.

Pero, ¿Cómo y cuándo yo haría una fundación? ¿Por dónde iba empezar?  Así me cuestioné múltiples veces sin encontrar respuestas, hasta que un día sentí que Dios me decía que habría un momento perfecto más adelante, que alguien iba a tener una vivencia similar a la mía y de mis hijos y que con esa persona íbamos a desarrollar algo social.

Fundación niños 20/20

Le creí a Dios, y mientras llegaba ese momento, contacté a la Dra. María José Córdova, Oftalmóloga especialista en niños, quién me invitó a trabajar con ella como voluntaria en el Programa de Prevención de Ceguera Infantil del Club Rotario Managua-Tiscapa en el Hospital “La Mascota”.  El único programa en Nicaragua que atiende de manera permanente y gratuita a niños entre 0 a 16 años con dificultad visual. 

Trabajé allí por un tiempo realizando pruebas de agudeza visual, asistiendo a la Doctora en la revisión de los niños y organizando jornadas nacionales de prevención de ceguera infantil.  Este tiempo me sirvió para conocer y valorar la grandiosa labor del programa. También supe que la fundación que deseaba hacer debía sumarse a este esfuerzo que ya existía.

Paralelo a todo esto, nació mi segundo hijo Jacob.  Los médicos nos habían dicho que no nacería como su hermano ya que no era una condición genética.  Sin embargo, Jacob nació igual, con cataratas en ambos ojos.  Después de mi parto al tener a mi bebe en brazos yo misma detecté las cataratas en sus ojos y lloré diciéndole a mi esposo que sería la primera, única y última vez que me vería llorar porque Jacob había nacido así. 

Sabía que era empezar de cero pero esta vez con más fuerza y fe.  

Tener un segundo niño así era una re confirmación de que en definitiva tenía una misión con el tema visual en Nicaragua.

Un día estando en un retiro espiritual, recibí la llamada de una amiga que había conocido en el colegio pero a quién nunca veía.  En su llamada me dijo que acaban de diagnosticar a su bebé con catarata y que por favor le ayudara con información. 

Dos años después, ella y yo nos unimos con el mismo sueño.  Ella era la persona que Dios me había dicho que llegaría para realizar el anhelo de formar esta organización.

Así nació Niños 20/20

Uniendo sueños, ideas, anhelos, metas y esfuerzos.  Pensando en una organización que gestionara fondos para ayudar al programa de prevención de ceguera infantil en el que yo había trabajado.  Además una organización que ayudara a sensibilizar y difundir el tema de prevención de ceguera infantil.

Iniciamos en marzo del 2013 organizando eventos de recaudación, jornadas, gestionando recursos y proyectos para mantener el programa, y más recientemente estableciendo alianzas con empresas privadas como Ópticas Munkel.

Hoy día Niños 20/20 es el principal donante de este programa que anualmente realiza aproximadamente 4800 consultas oftalmológicas, 1000 exámenes de refracción y 150 operaciones quirúrgicas para niñas y niños de escasos recursos que llegan de todo el país.

Le doy gracias a Dios por la historia de mis hijos. 

Ellos me impulsaron a hacer lo que hoy hago a nivel social y profesional.  Lo vivido con ellos cambió por completo mi visión de todo, dándole a mi vida mayor sentido y plenitud. Gracias Dios por mis niños ángeles!

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